Si, confieso que muchas veces las situaciones y problemas que me plantean mis clientes, en el marco de una sesión de Coaching, pueden llegar a ser muy abrumadores y parecen no tener salida.

Algunas veces debo enfrenarme con personas muy angustiadas que no ven absolutamente ninguna posibilidad de superar su presente estado.

Muchos se emocionan, lloran y comparten pensamientos nunca expresados ante nadie.

En el marco de la sesión o tal en veces en un proceso de varias, descubre otras facetas del asunto planteado. Se le revelan  cosas que antes no veía; y así va diseñando nuevos pensamientos e interpretaciones, de aquello que creía que era la única y posible explicación de las cosas. En su propia mente van saliendo a luz las nuevas posibilidades y siente entonces que es posible lo que antes no lo parecía.

Cómo alcanzar lo soñado

Finalmente, en un proceso que parece verdaderamente mágico, el cliente  descubre un camino nuevo, libre de barreras y de frenos y puede así  enfocarse a lograr su meta soñada. Usando una clásica frase figurada, se hace para él la luz.

Ese descubrimiento, que  comprende una forma diferente de ver las cosas y por tanto alternativas que antes parecían no existir, implica poner en marcha acciones concretas para alcanzar el objetivo deseado.

Una de las cosas que precisamente caracterizan el proceso de Coaching y lo distingue de otros, es justamente  eso: planteo de acciones concretas y con convicción de las mismas, para poder alcanzar el objetivo soñado.

Descubriendo y actuando

En ese momento, muchas veces cargado de euforia, de alegría, de aflojamiento de las tensiones, el cliente se propone acciones concretas que entiende serán efectivas para salir de la situación actual y alcanzar lo deseado.

Para un Coach eso es un logro y un motivo de alegría, ya que el ver un primer esbozo de felicidad en su cliente y un conjunto de nuevas visiones y acciones concretas, siente que ha cumplido con su deber profesional. Se siente bien.

Pero, he aquí un clásico error en que podemos incurrir por el exceso de entusiasmo, el dar al cliente en ese momento, nuestra  aquiescencia o  aval para emprender las acciones propuestas (que supone que le llevarán por el camino cierto hasta sus metas) en forma apresurada y radical..

 

Las anclas del pasado

El asunto es que algunas personas, tal vez han pasado años de su vida bloqueados por una visión o interpretación de las cosas.

Esos pensamientos, que a su vez determinaban formas de actuar que sentía que eran parte de su vida o de sí mismos como personas, estaban muy enraizados en su concepción del mundo o de cómo – en su interpretación de entonces – “son las cosas”.

Podemos decir que hasta las rutinas cotidianas, estaban en el cliente fuertemente marcadas por su anterior explicación de todo.

Hacía tal cosa u otra o dejaba de hacer alguna, por que sentía que tal visión del mundo era la verdad objetiva (una” ilusión de realidad”).

Si creía que era tonto, actuaba como tal, si creía quo no podía, efectivamente no podía. Si interpretaba que nadie lo amaba, nadie lo amaba. Si creía que debía postergar sus deseos para complacer a los demás, lo hacía sin sentir que estaba condicionado para ello. Si interpretaba que el mundo estaba únicamente a su servicio y que sólo él merecía todo, actuada en consecuencia.

Lo que le frenaba o impulsaba y que mayormente desconocía hasta el proceso de Coaching, solía ser, muchas veces,  una parte importante de su vida que sentía como “suya” y como “la verdad”.

Para la persona, era “como son las cosas” o como “soy yo” y eso determinaba conductas concretas,  creencias concretas sobre sí mismo y sobre el resto del mundo y sus relaciones con los demás. Esa forma de interpretar el mundo y verse a sí mismo, determinaba la forma en que actuaba y por consiguiente los resultados que obtenía.

 

Descubriendo qué hay detrás

Recuerdo el caso de una cliente, que vino a mí con el siguiente planteo: “quiero irme de la casa de mis padres e independizarme y no sé como hacerlo”, agregando: ”siempre me hacen sentir como una carga para la familia”.

Luego de trabajar durante una hora en el asunto, ella y yo descubrimos, que en realidad no quería abandonar su hogar, sino ganar una mejor posición de respeto por parte de los demás. No procuraba en realidad irse, sino no sentirse dependiente, ya que ella creía que a su edad “ya no se podía vivir con los padres”.

Si bien se dio cuenta que no quería irse sola, la clave de lo que buscaba alcanzar, pasaba por dar el último examen para finalmente obtener un  título profesional.

Durante 10 años había dejado en un rincón de su casa y nunca tocado, ni siquiera limpiado, el maletín con los instrumentos de su elegida profesión. Más aún, evitaba pasar por allí y hasta mirar el mismo..

En el desarrollo de la sesión, además de analizar su relación con los miembros de su hogar, descubrió que ella misma estaba boicoteando su graduación, ya que en el fondo no quería abandonar su casa.

Finalmente vio que podía graduarse como profesional en su especialidad, pero que la actividad y los ingresos que a partir de ello podría generar, si bien le permitirían vivir sola, no la obligarían a eso. Pero tendría la opción.

 

Acción hacia el objetivo

A partir de ese punto mi cliente se propuso desarrollar una serie de acciones concretas, para así  avanzar en el camino elegido y con ello conseguir la meta buscada.

La cliente, envalentonada  planteó concurrir al día siguiente a la Facultad, para inscribirse para ése último examen. Lo haría en la mañana y no dejaría pasar un día más.

Se fue cargada da energía, alegría y una nueva visión de sí misma y del mundo en que vivía, así como de sus relaciones familiares.

Al fin de esa jornada acordamos un nuevo encuentro en una semana.

 

Acción y resultados

Siete días después, a poco de comenzar la sesión, luego de una habitual charla informal, con la  que los Coaches generamos un contexto apropiado para que la persona se sienta cómoda y sintonice con nosotros, comenzamos a evaluar lo acontecido en los últimos días.

El punto central fue que luego del período de euforia y de entusiasmo por realizar la inscripción al examen,  y así avanzar en el proceso hacia su graduación, encontró frenos para llegar a esa instancia.

Tras plantear una larga  serie de auto justificaciones, cargadas de una extensa serie de hechos y situaciones, que eran supuestamente irrefutables, así como objetivos y reales, comenzamos a analizar nuevamente las cosas.

Juntos vimos como aspectos tan sencillos como el ritual de ni mirar ni tocar el maletín la seguían bloqueando.

También analizamos todo el proceso del examen, con sus aspectos administrativos, de estudios y de repasos y hasta de plazos posibles.

En esta segunda sesión descubrimos como la inercia de 10 años y el bloqueo de ese largo tiempo, actuaban como ancla para impedir concretar el examen soñado y las acciones que levarían al mismo.

 

Los pasos posibles

 

Así fue entonces que diseñamos, o mejor dicho que ella misma diseño, un plan de muy pequeños pasos, para lograr llegar al objetivo.

Buscamos trabajar siguiendo lo  que podría ser el modelo del Kaisen, el que se basa en la realización de pequeños pasos constantes y de mejora persistente.

Este sistema,  que suelen aplicar muchos de quienes trabajan en procesos de mejora constante a nivel de empresas, apunta a alcanzar mayores niveles de calidad, haciendo pequeños avances en forma permanente.

Eso es, que cuando se parte de un punto muy diferente al que se quiere alcanzar, muchas veces no es posible dar un gran salto, pero sí pequeños pasos que llevarán al objetivo.

Dar un gran salto es muchas veces difícil,  e incluso, si no se logra llegar al otro lado con el mismo, éste puede ser muy frustrante.

Por otra parte, dar pequeños o muchas veces minúsculos avances, permite romper con la inercia de las prácticas anteriores, con las costumbres muy arraigadas o con el no animarse y con la posibilidad de enfrentarse a posibles frustraciones.

Un ínfimo paso me permite sentir que puedo. Un corto avance me ofrece a su vez un estímulo para continuar.

En el caso de mi clienta, que finalmente se inscribió, dio su examen y hoy es una profesional exitosa, el camino fue el de los pasos más pequeños.

Comenzó mirando y tomando su maletín. Luego continuó, al día siguiente, abriéndolo y revisando cada instrumento, así como chequeando lo que podría faltarle para su examen práctico final. Tras ello procuró los insumos complementarios necesarios. Más tarde consiguió un libro actualizado en la biblioteca de la facultad y finalmente concretó su inscripción, dio y salvó su prueba final.

Si bien para un observador externo todo lo expuesto puede parecer muy sencillo, para quien lo tuvo como barrera durante 10 años, no lo fue.

Ello se hizo posible, además del descubrimiento correspondiente, mediante el desarrollo de las acciones paso a paso

 

Romance y pequeños pasos

 

Un día bromeando sobre esto con un grupo de colegas, les dije con un enfoque humorístico:”es como cuando salgo con una chica, primero nos miramos y nos agradamos, luego, más tarde, tal vez roce su mano y para luego tomar la misma dulcemente. Más adelante pasaré mi brazo por sus hombros o tal vez acaricio su torso o toque su rodilla. Un poco luego, seguramente le daré un pequeño beso, para luego dar otros más apasionados. Poco a poco podré avanzar hacia mayores niveles de intimidad,  hasta que luego de muchos avances y a  la mañana siguiente, recordaré que todo comenzó nada más que con una mirada”.

 

Kaisen o grandes saltos

En las acciones que se proponen nuestros clientes, a partir de lo que descubren en una sesión de Coaching, es muchas veces aconsejable la llamara en el campo de la calidad como “técnica del Kaisen”, o de los pequeños pasos, como me gusta más llamarla.

Eso no quiere decir que no deban darse también grandes pasos y acciones contundentes con relación a algo.

Recuerdo un caso de un hombre de mediana edad, que sufría mucho con las situaciones de relación permanente y conflictiva con su ex esposa, de la que recientemente se había separado.

De la sesión de Coaching resultó que su ex esposa era una persona que en su infancia había sufrido muchas carencias afectivas y a partir de ello había diseñado un modelo de relacionarse con los  demás, basado en el conflicto.  El mismo se explicaba en aquel principio psicológico, planteado por Eric Berne en su modelo de análisis transaccional, que las personas necesitan vibrar en la vida y para ello buscan afecto y comunicación interpersonal positiva y que si no lo encuentran procuran estímulos negativos.

La teoría señala que quienes  procuran atención afecto y comunicación agradable y no lo logran, finalmente descubren que el conflicto les hace vibrar y así  se condicionan en procurar el mismo. La clave es que,  es siempre preferible recibir estímulos negativos, que no recibir nada.

Este tipo de conductas buscadoras de conflicto, se estructuran en las personas en los primero años de su vida y suelen pasar a formar parte de la conducta habitual de las mismas.

La esposa de mi cliente, a quien yo conocía con bastante profundidad, era sin duda una de esas personas. Era una generadora permanente de conflictos, a partir de lo que llamamos “juegos comunicacionales”, que tienden trampas inconscientes, para conseguir que los demás sus contrapartes,  entren en su bretes.

Más allá de la situación específica de su esposa, a quien por suerte pude ayudar pocos años después, la clave de mi cliente era que no debía dar “pequeños pasos”, sino “un gran salto”, con una separación contundente.

Mi cliente así lo vio, y en tal sentido diseño sus propios pasos y se desprendió de su fuente de conflictos .

En el paso a paso o en el gran salto, no hay reglas específicas que marquen cuando es necesario uno u otro. Lo que sí sabemos que cuando alcanzar algo cuesta mucho trabajo, un muy pequeño paso inicial puede llevar muy lejos.

Una ex alumna de mis cursos de formación en Coaching profesional, que brindamos con CIECC Programa Universidad Abierta y el centro Iberoamericano de Coaching, se ha especializado en lo que ella llama humorísticamente, pero también en serio como  “Coaching para gordos”.

Como ávida lectora de publicaciones vinculadas a las empresas y a la calidad en las mismas, había estado leyendo un buen libro sobre el camino del Kaisen.

Sobre la base de un caso detallado en el mismo, diseño su paquete para ayudar a los más gorditos, habiendo antes comenzado por sí misma.

Con relación a ello me relató que “todos sabemos que lo  de “el lunes comienzo la dieta”, no es más que  un mito con lo que buscamos engañarnos a nosotros mismos”

A partir de ello, su técnica, que complementa con una serie de sesiones de Coaching, así como de consejos concretos para enfrentar la obesidad, pasa por animar a sus clientes a dar lo que denomina “micro pasos”.

No invita a sus clientes a sus clientes a iniciar una dieta estricta, ni a comenzar ejercicios en forma diaria o semanal. Invita a sus clientes a tomar decisiones sobre acciones de ínfimo esfuerzo, que todos están dispuestos a llevar adelante. Les dice, por ejemplo:”¿podría disminuir en unos gramos la cantidad de alimentos que pone en su plato?” o tal vez “.¿podría mover un poco sus brazos o hacer un pequeño ejercicio durante 5 minutos mientras se baña o mira la TV?”

Así es entonces que sus clientes, con el enfoque del Kaisen, se entusiasman cada día más por agrandar o agregar  muy pequeños pasos a su programa de reducción de peso.

En forma paralela mi colega trabaja con un modelo de Coaching, las dudas de sus clientes, sus miedos, sus inseguridades, los caminos para el logro de sus metas y en definitiva, la búsqueda de la felicidad.

Conclusión del artículo: Sin duda  es posible que en un corto espacio de tiempo, un Coach ayude a su cliente a ver cosas que antes no veía y que se proponga acciones concretas para alcanzar sus objetivos; pero muchas veces eso no es suficiente y la estrategia de los pequeños pasos puede ayudar.

Las acciones enfocadas a los resultados requieren muchas veces hechos contundentes y radicales, pero muchas más veces, el camino es el del Kaisen, o el paso a paso.

 

Por Edgardo Martínez Zimarioff

coaching@coaching.com.uy

http://coaching.edu.uy

Este artículo fue realizado por uno de los conferencistas que hacen parte de RLC . 

La Red Latinoamericana de conferencistas es una red que promueve la carrera profesional de sus miembros, a través del potenciamiento de sus habilidades, apoyando la formación continua y contribuyendo al mejoramiento de la calidad de vida de sus miembros.

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